El machismo se utiliza ya como parapeto de cualquier cosa que desagrade a una mujer, incluso a un proyecto de mujer.
Mi hija sin ir más lejos, si le reprendo con firmeza, me llama machista, si lo hace mi pareja, obedece sin rechistar. Y cuando me llama machista, simplemente lo hace como un lorito, como algo malo que presume, por lo que ve en TV, que forma parte del hombre. Las noticias y las comedietas costumbristas españolas, por las que afortunadamente ha perdido interés, proyectan la imagen del hombre "machista" y cretino que modela las consciencias de nuestras hijas (y, lo que es más alarmante, deja inermes a nuestros hijos).
El hecho de que colabore en las tareas domésticas, que vaya a buscarle al colegio, que sea yo quien hable con sus profesores y que haya asumido roles “femeninos” en mi casa no merma sus quejas hacia el machista de su padre, que le exige en los estudios lo mismo que a su hermano. En fin, lo mismo que me llama machista, podría llamarme fascista, otro término comodín hoy en día. Si es el precio que tengo que pagar para que no sea una mujer cuota el día de mañana, seguiré escuchando sus palabras con el profundo amor de padre que le profeso.
jueves, 15 de enero de 2009
Pacifismo de "género"
Según el feminismo radical, la dirección femenina del mundo acabará con las guerras.
Sin embargo, todos hemos oído en campaña electoral decir a Hillary Clinton, “progre” americana, que “un ataque de Iran a Israel significará una respuesta masiva y letal de EEUU”. Incluso hoy, cuando habla de diplomacia inteligente, añade que en ocasiones será necesario utilizar la fuerza. Golda Meir, socialdemócrata, en la guerra de los Seis Días, demostró la misma determinación guerrera que cualquier hombre. Margaret Thatcher, conservadora, laminó las Malvinas. Y la ministra Carme Chacón, “progre”, está preparada para enviar más tropas a Afganistán, ya que según sus palabras, “nuestras tropas luchan por la defensa de nuestros principios.”
Todos son ejemplos de mujeres y de posiciones políticas diferentes en las que late un fondo bélico que trasciende a la ideología de género. Aunque las feministas estarán prestas a añadir que los ejemplos que he puesto reproducen los modelos de dominación patriarcal que han aprendido.
Sin embargo, todos hemos oído en campaña electoral decir a Hillary Clinton, “progre” americana, que “un ataque de Iran a Israel significará una respuesta masiva y letal de EEUU”. Incluso hoy, cuando habla de diplomacia inteligente, añade que en ocasiones será necesario utilizar la fuerza. Golda Meir, socialdemócrata, en la guerra de los Seis Días, demostró la misma determinación guerrera que cualquier hombre. Margaret Thatcher, conservadora, laminó las Malvinas. Y la ministra Carme Chacón, “progre”, está preparada para enviar más tropas a Afganistán, ya que según sus palabras, “nuestras tropas luchan por la defensa de nuestros principios.”
Todos son ejemplos de mujeres y de posiciones políticas diferentes en las que late un fondo bélico que trasciende a la ideología de género. Aunque las feministas estarán prestas a añadir que los ejemplos que he puesto reproducen los modelos de dominación patriarcal que han aprendido.
jueves, 8 de enero de 2009
El gobierno de los mejores
Leído hoy en El Mundo: "Hay gobiernos que nombran mujeres sin experiencia o calidad para altos puestos, y afirman que han dado un paso hacia delante en el progreso. El de Estados Unidos no es uno de ellos. Las mujeres de Obama están allí no sólo porque son mujeres, sino aún más porque tienen una vida de experiencia política." (Henry Kamen, historiador).
Barack Obama, presidente electo de EEUU, está decidido a formar un gobierno de los mejores. La situación de su país requiere, al igual que la española, de las mejores mentes. Barack Obama no va a tener un gobierno paritario por decreto, como el formado por Zapatero en sus dos legislaturas, en el que el "género" prime sobre las capacidades y experiencia como criterio de elección. Sin embargo, su gabinete estará formado por mujeres de sólida experiencia política y contrastados méritos para el cargo. Hillary Clinton, por ejemplo, diseñará su política exterior. Nancy Killefer, colaboradora de Bill Clinton, y con una dilatada experiencia como consultora, dirigirá el nuevo Departamento de Rendimiento, encargado de "eliminar lo que no necesitemos, lo que no funcione y mejorar las cosas que funciones", según palabras de Barack Obama. Conforme a los dos primeros parámetros, ministerios como el de Igualdad nunca verán la luz en un gobierno Obama. Janet Napolitano será responsable del departamento de Seguridad Nacional, Susan Rice, embajadora en la ONU...aparte de numerosos nombramientos femeninos de segundo nivel, que no saldrán en las fotos paritarias, pero que también ejercerán una poderosa influencia en la toma de decisiones de la primera potencia mundial.
Esa sangre nueva femenina contribuirá a revitalizar la imagen exterior de EEUU, tan necesitada de mejora tras el debacle Bush (curiosamente, uno de los miembros más importantes y valorados del gobierno ha sido mujer y afroamericana, Condolezza Rice).Los nombramientos femeninos de Obama tendrán responsabilidades reales y no cosméticas. Están ahí por sus capacidades, no por ser mujeres. Quizás la politica exterior con Hillary Clinton sea tormentosa, pero asumirá sus responsabilidades sin colgar a nadie de la catenaria, como nuestra Magdalena Álvarez. Janet Napolitano asumira con sobriedad y patriotismo la Seguridad Nacional, y es dudoso que en su labor prime la imagen sobre el contenido, a cuyo cultivo es tan dada nuestra ministra de Defensa.
En resumen, Obama conformará un gobierno formado por los mejores hombres y mujeres de su país. Debería tomar nota Zapatero cuando visite la nueva Casa Blanca.
Barack Obama, presidente electo de EEUU, está decidido a formar un gobierno de los mejores. La situación de su país requiere, al igual que la española, de las mejores mentes. Barack Obama no va a tener un gobierno paritario por decreto, como el formado por Zapatero en sus dos legislaturas, en el que el "género" prime sobre las capacidades y experiencia como criterio de elección. Sin embargo, su gabinete estará formado por mujeres de sólida experiencia política y contrastados méritos para el cargo. Hillary Clinton, por ejemplo, diseñará su política exterior. Nancy Killefer, colaboradora de Bill Clinton, y con una dilatada experiencia como consultora, dirigirá el nuevo Departamento de Rendimiento, encargado de "eliminar lo que no necesitemos, lo que no funcione y mejorar las cosas que funciones", según palabras de Barack Obama. Conforme a los dos primeros parámetros, ministerios como el de Igualdad nunca verán la luz en un gobierno Obama. Janet Napolitano será responsable del departamento de Seguridad Nacional, Susan Rice, embajadora en la ONU...aparte de numerosos nombramientos femeninos de segundo nivel, que no saldrán en las fotos paritarias, pero que también ejercerán una poderosa influencia en la toma de decisiones de la primera potencia mundial.
Esa sangre nueva femenina contribuirá a revitalizar la imagen exterior de EEUU, tan necesitada de mejora tras el debacle Bush (curiosamente, uno de los miembros más importantes y valorados del gobierno ha sido mujer y afroamericana, Condolezza Rice).Los nombramientos femeninos de Obama tendrán responsabilidades reales y no cosméticas. Están ahí por sus capacidades, no por ser mujeres. Quizás la politica exterior con Hillary Clinton sea tormentosa, pero asumirá sus responsabilidades sin colgar a nadie de la catenaria, como nuestra Magdalena Álvarez. Janet Napolitano asumira con sobriedad y patriotismo la Seguridad Nacional, y es dudoso que en su labor prime la imagen sobre el contenido, a cuyo cultivo es tan dada nuestra ministra de Defensa.
En resumen, Obama conformará un gobierno formado por los mejores hombres y mujeres de su país. Debería tomar nota Zapatero cuando visite la nueva Casa Blanca.
martes, 30 de diciembre de 2008
Diferencias salariales de "género"
Hoy se publica un nuevo estudio sobre desigualdades de “género” en los periódicos, presentado ayer por la secretaria general de Políticas de Igualdad, Isabel Martínez, en el Instituto de la de la Mujer.
Se vuelve a hacer mención a la brecha salarial entre hombres y mujeres. Esta brecha salarial suele variar entre estudio y estudio. En periodos de tiempo de un año, llega a ensancharse o estrecharse, según se quieran acentuar progresos o retrocesos en las políticas de “igualdad” que dicta el gobierno. En este estudio se acerca a la cifra más o menos estándar, que desde los años 70, viene utilizándose, sin apenas variación, primero, por colectivos feministas americanos, y luego, miméticamente, por el resto de los europeos: las mujeres ganan un 26,3% menos (siempre suele rondar en torno al 30%, sea el país que realice el estudio e independientemente de su orientación política). Afortunadamente, en estos estudios va desapareciendo la coletilla “por el mismo trabajo”, mentira repetida hasta la saciedad, pero que ni las estadísticas serias ni los juzgados laborales españoles refrendan. Ya el ministro Caldera, en declaraciones realizadas a El Pais, señalo:
“Pregunta El Pais: Los hombres ganan de media en España un 40% más que las mujeres. ¿Qué hace esta ley para superar esta brecha?
Respuesta Caldera: En un tiempo prudencial se debe corregir esa disfunción tan abultada. La diferencia se debe más a los puestos que ocupan el hombre y la mujer, que a que haya sueldos distintos para un mismo trabajo. Por el mismo trabajo, hombres y mujeres perciben el mismo salario, el problema radica en que los hombres ocupan los puestos mejor pagados y de mayor responsabilidad. Eso es lo que hay que corregir, favoreciendo el acceso de la mujer a los puestos de responsabilidad y evitando que una mujer tenga abandonar su trabajo por la maternidad. La maternidad es un bien social, es el futuro del país. La ley va orientada a que la mujer puede hacer compatible su maternidad y el empleo.”
Es curioso que en esta entrevista, realizada en un contexto previo a la promulgación de las leyes “igualitarias”, el entrevistador señala una brecha salarial del 40%. Lo crucial es que Caldera señala que “por el mismo trabajo, hombres y mujeres perciben el mismo salario, el problema radica en que los hombres ocupan los puestos mejor pagados y de mayor responsabilidad.”
El estudio señala que la situación de desigualdad salarial es más injusta si cabe, ya que hay mayor numero de universitarias que de universitarios (por cierto, ¿no le alarma al Instituto de la Mujer el creciente fracaso escolar masculino, el más alto de Europa, con comunidades como la Andaluza, en la que más del 40% de los varones no terminan sus estudios de secundaria?). Según este razonamiento, ¿debe ganar más una licenciada en Psicología que un varón peón albañil de 20 años, que fracasó en los estudios pero optó por un trabajo digno y mejor remunerado que el de psicóloga?. Los hombres, señor Caldera, no sólo ganan más por ocupar puestos de responsabilidad, si no porque en muchas de sus profesiones se asumen más riesgos (95% de las muertes en el trabajo son varones) y la menguante fuerza estudiantil masculina, cuando estudia, lo hace en carreras que ofrecen un mejor horizonte profesional que las que optan las mujeres.
Estoy de acuerdo con el señor Caldera en que la madre trabajadora española debe gozar de las mismas ayudas y respeto de las que gozan las madres suecas o la flexibilidad laboral que permite a las estadounidenses ser las que más puestos directivos acaparan del mundo.
Sobre el desequilibrio en las tareas domésticas que señala el estudio, hablaremos en otro artículo, aunque es interesante lo que estas encuestas consideran tarea doméstica ¿planchar si, mantener el coche a punto no, poner un enchufe no, pasar la aspiradora si?. Lo cierto es que los hombres han asumido ya muchas tareas domésticas consideradas "de mujeres", manteniendo así mismo su aportación en las tareas "de hombres".
Se vuelve a hacer mención a la brecha salarial entre hombres y mujeres. Esta brecha salarial suele variar entre estudio y estudio. En periodos de tiempo de un año, llega a ensancharse o estrecharse, según se quieran acentuar progresos o retrocesos en las políticas de “igualdad” que dicta el gobierno. En este estudio se acerca a la cifra más o menos estándar, que desde los años 70, viene utilizándose, sin apenas variación, primero, por colectivos feministas americanos, y luego, miméticamente, por el resto de los europeos: las mujeres ganan un 26,3% menos (siempre suele rondar en torno al 30%, sea el país que realice el estudio e independientemente de su orientación política). Afortunadamente, en estos estudios va desapareciendo la coletilla “por el mismo trabajo”, mentira repetida hasta la saciedad, pero que ni las estadísticas serias ni los juzgados laborales españoles refrendan. Ya el ministro Caldera, en declaraciones realizadas a El Pais, señalo:
“Pregunta El Pais: Los hombres ganan de media en España un 40% más que las mujeres. ¿Qué hace esta ley para superar esta brecha?
Respuesta Caldera: En un tiempo prudencial se debe corregir esa disfunción tan abultada. La diferencia se debe más a los puestos que ocupan el hombre y la mujer, que a que haya sueldos distintos para un mismo trabajo. Por el mismo trabajo, hombres y mujeres perciben el mismo salario, el problema radica en que los hombres ocupan los puestos mejor pagados y de mayor responsabilidad. Eso es lo que hay que corregir, favoreciendo el acceso de la mujer a los puestos de responsabilidad y evitando que una mujer tenga abandonar su trabajo por la maternidad. La maternidad es un bien social, es el futuro del país. La ley va orientada a que la mujer puede hacer compatible su maternidad y el empleo.”
Es curioso que en esta entrevista, realizada en un contexto previo a la promulgación de las leyes “igualitarias”, el entrevistador señala una brecha salarial del 40%. Lo crucial es que Caldera señala que “por el mismo trabajo, hombres y mujeres perciben el mismo salario, el problema radica en que los hombres ocupan los puestos mejor pagados y de mayor responsabilidad.”
El estudio señala que la situación de desigualdad salarial es más injusta si cabe, ya que hay mayor numero de universitarias que de universitarios (por cierto, ¿no le alarma al Instituto de la Mujer el creciente fracaso escolar masculino, el más alto de Europa, con comunidades como la Andaluza, en la que más del 40% de los varones no terminan sus estudios de secundaria?). Según este razonamiento, ¿debe ganar más una licenciada en Psicología que un varón peón albañil de 20 años, que fracasó en los estudios pero optó por un trabajo digno y mejor remunerado que el de psicóloga?. Los hombres, señor Caldera, no sólo ganan más por ocupar puestos de responsabilidad, si no porque en muchas de sus profesiones se asumen más riesgos (95% de las muertes en el trabajo son varones) y la menguante fuerza estudiantil masculina, cuando estudia, lo hace en carreras que ofrecen un mejor horizonte profesional que las que optan las mujeres.
Estoy de acuerdo con el señor Caldera en que la madre trabajadora española debe gozar de las mismas ayudas y respeto de las que gozan las madres suecas o la flexibilidad laboral que permite a las estadounidenses ser las que más puestos directivos acaparan del mundo.
Sobre el desequilibrio en las tareas domésticas que señala el estudio, hablaremos en otro artículo, aunque es interesante lo que estas encuestas consideran tarea doméstica ¿planchar si, mantener el coche a punto no, poner un enchufe no, pasar la aspiradora si?. Lo cierto es que los hombres han asumido ya muchas tareas domésticas consideradas "de mujeres", manteniendo así mismo su aportación en las tareas "de hombres".
lunes, 22 de diciembre de 2008
Las denuncias falsas
María Sanahuja, magistrada de la Audiencia Provincial de Barcelona y miembro de Jueces para la Democracia y la Plataforma Otras Voces Feministas (web en enlaces de interés de este blog) publica un pormenorizado análisis de lo que han supuesto las leyes de "género" en los últimos cinco años. El artículo se titula Las denuncias falsas y merece ser leído con atención. Su último párrafo levantará ampollas entre los/las ideólogos/as de "género" que amenazaron con silenciar a María Sanhauja, pero resume perfectamente la situación actual: "Y mientras tanto, la mayoría de las mujeres que sufren violencia extrema siguen en muchos casos padeciéndola en silencio, viendo cómo su causa ha sufrido el desprestigio por la acción de los que sólo las han utilizado para sus propios fines y aspiraciones. Es hora de iniciar de nuevo el debate en el Parlamento, y valorar los resultados del camino andado."
sábado, 20 de diciembre de 2008
Cooperación
Destaco estas dos preguntas y respuestas de una entrevista realizada a Edelmira Domenech en el suplemento de Salud de El Mundo (20/12/2008). Edelmira es académica y psquiatra infantil. En la entrevista hace un intersante análisis sobre la situación de la medicina española. Esta son las preguntas y respuestas que me han llamado la atención:
"P.- ¿Qué le parece la actual feminización de la medicina?
R.- Está mal hecha. Antes, en las facultades de medicina había un 5% de mujeres, mientras que ahora se ha llegado, incluso, al 80%. Está muy bien que la mujer haya accedido a estudiar, pero necesitamos que la proporción entre los dos sexos sea la misma que se da en la sociedad. Tenemos que pasar de la competitividad que todavía existe a una cooperación total. Las féminas sacan en bachillerato unas calificaciones más elevadas. Dado que la nota de corte para acceder a la licenciatura es alta, se quedan atrás muchos varones con vocación.
P.- ¿Cómo se puede lograr esa cooperación?
R.- Biológicamente hay formas de conducta diferentes en ambos sexos. Todos tenemos cualidades y defectos, y no todo es enseñado. Si se cooperara tendríamos un mundo más rico, pero aún es insuficiente el avance de la mujer. Para ello es esencial la educación de las nuevas generaciones. He tenido cuatro hijos y sé que es importantísimo formarlos, y esto tenemos que hacerlo los dos (padres y madres). Es una lástima que la sociedad se pierda todo lo que pueden aportar las mujeres."
Su respuesta a la segunda pregunta se aleja bastante del radicalismo de "género" y su constructivismo social. Interesante señalar también que el creciente fracaso escolar masculino que ella señala no impulse al Ministerio de Igualdad a tomar medidas compensatorias.
La entrevista completa.
"P.- ¿Qué le parece la actual feminización de la medicina?
R.- Está mal hecha. Antes, en las facultades de medicina había un 5% de mujeres, mientras que ahora se ha llegado, incluso, al 80%. Está muy bien que la mujer haya accedido a estudiar, pero necesitamos que la proporción entre los dos sexos sea la misma que se da en la sociedad. Tenemos que pasar de la competitividad que todavía existe a una cooperación total. Las féminas sacan en bachillerato unas calificaciones más elevadas. Dado que la nota de corte para acceder a la licenciatura es alta, se quedan atrás muchos varones con vocación.
P.- ¿Cómo se puede lograr esa cooperación?
R.- Biológicamente hay formas de conducta diferentes en ambos sexos. Todos tenemos cualidades y defectos, y no todo es enseñado. Si se cooperara tendríamos un mundo más rico, pero aún es insuficiente el avance de la mujer. Para ello es esencial la educación de las nuevas generaciones. He tenido cuatro hijos y sé que es importantísimo formarlos, y esto tenemos que hacerlo los dos (padres y madres). Es una lástima que la sociedad se pierda todo lo que pueden aportar las mujeres."
Su respuesta a la segunda pregunta se aleja bastante del radicalismo de "género" y su constructivismo social. Interesante señalar también que el creciente fracaso escolar masculino que ella señala no impulse al Ministerio de Igualdad a tomar medidas compensatorias.
La entrevista completa.
La irracional perspectiva de "género"
Me han preguntado por qué entrecomillo género cuando hace referencia a la ideología que defiende esta aberración sociológica. A continación espongo brevemente algunos de los argumentos, resumen de diversas fuentes, que hacen que para mi aceptar los postulados de la ideología de "género" me resulte racionalmente dificil.
Lo que subyace en todos estos planteamientos es la idea de que el ser humano no está predeterminado por su condición sexual, ser hombre o ser mujer, sino por otra categoría, el género, que corresponde a una construcción cultural, por consiguiente modificable y en buena medida dispuesta para ser servida a la carta. Así hay hombres en cuerpos de mujeres y mujeres en cuerpos de hombre.
Como puede observarse con este enfoque lo que se hace es transformar situaciones que se dan en una mínima proporción de la sociedad, -la llamada “disforia de género”- se sitúa como mucho en torno al 0,1% de la población y seguramente esta es una valoración sensiblemente elevada, en norma que explica el conjunto del género humano toda su historia y cultura.
Al actuar de esta manera se están vulnerando todos los fundamentos materiales del ser humano.
Para empezar: su genotipo. De los 46 cromosomas humanos, la mujer posee un par “XX” que en el hombre es “XY”. En este último cromosoma “Y” hay el llamado gen “TDF” que es el generador de las hormonas masculinas.
La diferencia está en el propio origen. Esta distinta composición cromosómica y hormonal determina numerosas diferencias en el desarrollo y en la interrelación del ser con el exterior, la interacción con el medio, es decir el fenotipo. La estructura genética condiciona aspectos tales como el hecho de que el hombre sea más propenso a las enfermedades hereditarias que la mujer. La talla, el peso, la masa muscular, la temperatura corporal, el consumo de calorías, marcan diferencias importantes. A simple vista destacan los caracteres sexuales secundarios absolutamente inconfundibles. Tal diferencia visual, no es algo sin sentido sino que obedece al mensaje que los dos componentes de la especie humana se trasmiten para su relación, que en último término está dirigida a la descendencia.
Para la ideología de género la descendencia es un fenómeno marginal. Es la primera vez en la historia humana, en que a gran escala se produce una ideología de este tipo, autoliquidativa de la especie.
Todas estas cuestiones no nacen de un proceso histórico o cultural, son biológicas, genéticas, nacen de la propia naturaleza humana, no de su cultura, aunque como es lógico se expresen también relacional y culturalmente.
En el matrimonio y en la función materna y paterna estas diferencias se complementan y confieren al agregado de la pareja un valor añadido que por si solos carecen y que no radica en el número “ser dos”, sino en la cualidad, ser hombre y mujer. Porque esa es la diferenciación que otorga el valor añadido, la capacidad de generar nuevas sinergias. Este valor añadido tiene su traducción más importante en la función educativa de los padres.
No existe ningún fundamento que avale la teoría de género.
La cuestión entonces es evidente ¿cómo es posible que una aberración de tal calibre no sea racionalmente contestada desde los medios culturales y científicos?
¿Cómo es posible que médicos, psiquiatras, psicólogos, biólogos, en definitiva, todos los campos relacionados con el conocimiento de lo que es el ser humano, permanezcan impasibles ante una ideología que se traduce en políticas concretas que entra de lleno en lo irracional?
¿Dónde está el pensamiento ilustrado, los defensores de la razón, los exegetas de la modernidad?
Ese es el problema y posee una dimensión histórica porque difícil es encontrar a lo largo del tiempo un proyecto cultural y político tan absurdo y al mismo tiempo tan sumisamente aceptado por quienes tienen como oficio el pensar, el escribir y el decir al servicio de la verdad.
Lo que subyace en todos estos planteamientos es la idea de que el ser humano no está predeterminado por su condición sexual, ser hombre o ser mujer, sino por otra categoría, el género, que corresponde a una construcción cultural, por consiguiente modificable y en buena medida dispuesta para ser servida a la carta. Así hay hombres en cuerpos de mujeres y mujeres en cuerpos de hombre.
Como puede observarse con este enfoque lo que se hace es transformar situaciones que se dan en una mínima proporción de la sociedad, -la llamada “disforia de género”- se sitúa como mucho en torno al 0,1% de la población y seguramente esta es una valoración sensiblemente elevada, en norma que explica el conjunto del género humano toda su historia y cultura.
Al actuar de esta manera se están vulnerando todos los fundamentos materiales del ser humano.
Para empezar: su genotipo. De los 46 cromosomas humanos, la mujer posee un par “XX” que en el hombre es “XY”. En este último cromosoma “Y” hay el llamado gen “TDF” que es el generador de las hormonas masculinas.
La diferencia está en el propio origen. Esta distinta composición cromosómica y hormonal determina numerosas diferencias en el desarrollo y en la interrelación del ser con el exterior, la interacción con el medio, es decir el fenotipo. La estructura genética condiciona aspectos tales como el hecho de que el hombre sea más propenso a las enfermedades hereditarias que la mujer. La talla, el peso, la masa muscular, la temperatura corporal, el consumo de calorías, marcan diferencias importantes. A simple vista destacan los caracteres sexuales secundarios absolutamente inconfundibles. Tal diferencia visual, no es algo sin sentido sino que obedece al mensaje que los dos componentes de la especie humana se trasmiten para su relación, que en último término está dirigida a la descendencia.
Para la ideología de género la descendencia es un fenómeno marginal. Es la primera vez en la historia humana, en que a gran escala se produce una ideología de este tipo, autoliquidativa de la especie.
Todas estas cuestiones no nacen de un proceso histórico o cultural, son biológicas, genéticas, nacen de la propia naturaleza humana, no de su cultura, aunque como es lógico se expresen también relacional y culturalmente.
En el matrimonio y en la función materna y paterna estas diferencias se complementan y confieren al agregado de la pareja un valor añadido que por si solos carecen y que no radica en el número “ser dos”, sino en la cualidad, ser hombre y mujer. Porque esa es la diferenciación que otorga el valor añadido, la capacidad de generar nuevas sinergias. Este valor añadido tiene su traducción más importante en la función educativa de los padres.
No existe ningún fundamento que avale la teoría de género.
La cuestión entonces es evidente ¿cómo es posible que una aberración de tal calibre no sea racionalmente contestada desde los medios culturales y científicos?
¿Cómo es posible que médicos, psiquiatras, psicólogos, biólogos, en definitiva, todos los campos relacionados con el conocimiento de lo que es el ser humano, permanezcan impasibles ante una ideología que se traduce en políticas concretas que entra de lleno en lo irracional?
¿Dónde está el pensamiento ilustrado, los defensores de la razón, los exegetas de la modernidad?
Ese es el problema y posee una dimensión histórica porque difícil es encontrar a lo largo del tiempo un proyecto cultural y político tan absurdo y al mismo tiempo tan sumisamente aceptado por quienes tienen como oficio el pensar, el escribir y el decir al servicio de la verdad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)